Esta tendencia se originó en las cárceles. Los reclusos no pueden usar cinturones de manera que sus pantalones los llevan caídos, dejando ver su ropa interior,  sus tatuajes y cicatrices.

Esto lo rescataron algunos cantantes y artistas y todo lo que usan lo llevan holgado.

Llegó a los suburbios de los Estados Unidos, con jóvenes en patinetas, vestidos como miembros de pandillas; poco después pasó la moda a los niños y todo es únicamente para expresar la individualidad. La rebeldía expresada en el vestir es motivo de orgullo.