Lo hemos visto en cada película en la que aparecen los Nazis, pero no es una idea que se le haya ocurrido a los partidarios de Hitler. Su origen es objeto de disputas entre los historiadores. Se supone que pudo iniciarse con la hostilidad de los cristianos contra los judíos, a quienes consideraban responsables del sacrificio de Jesucristo. En la Edad Media fueron perseguidos como muchos otros grupos, sin embargo, se beneficiaron de la época de la ilustración y lograron integrarse a la sociedad general.

En el siglo XIX, la tolerancia hacia ellos se redujo, pues su presencia había aumentado a gran escala. Ello coincidió con un período en el que empezaba a prosperar el racismo seudocientífico, y la violencia contra ellos se hizo común en Polonia y Rusia.

Para fines del siglo XIX ya se había extendido a Francia y Alemania. Entre 1920 y 1930 las muy adversas condiciones económicas hicieron que el antisemitismo se saliera por completo de control: muchos políticos atribuían a los judíos la responsabilidad de la crisis económica y la inseguridad. Los demagogos de la derecha los acusaban de ser comunistas. Los de la izquierda afirmaban que eran capitalistas.

Todo ese proceso llegó a su clímax con Hitler y los nazis. En el Holocausto murieron dos millones de un total de ocho millones de judíos, y Europa perdió así a una parte de su sociedad productiva cultural.