Este insecto macho de color rojo que aparece en las pencas de nopal como una plaga al formar pequeños puntos de apariencia algodonosa, fue uno de los bienes más apreciados y valiosos en la época colonial. La razón de ese interés es que el colorante rojo es uno de los más escasos en la naturaleza, y la cochinilla ofrece una versión brillante de intensa tonalidad. El interés por este insecto, cuyo negocio era tan lucrativo como el de la plata, respondía a los usos del color rojo como símbolo del poder real, militar y eclesiástico. Los funcionarios europeos más importantes tiñeron sus prendas con grana cochinilla e incluso la usaron pintores importantes como el holandés Rembrandt. El declive del negocio ocurrió cuando aparecieron los primeros colorantes sintéticos.