Además de ser el cumpleaños de mi hija, hoy la selección mexicana de fútbol juega un partido inédito, un momento histórico al que llega, además, con una racha de invicto impecable. El Mundial de 2026 ha sido una auténtica montaña rusa de emociones; hoy, en la mañana previa al tan esperado "quinto partido", todo es alegría y esperanza. Incluso entre quienes no son muy fanáticos del balompié se siente una vibra hermosa e inesperada. 

Será un momento que seguramente durará más de 90 minutos. Ahora, con las pausas de hidratación y esos segundos perdidos que se suman estrictamente al tiempo de compensación, gotita a gotita se van acumulando 6 o 7 minutos extra. Ahí es donde realmente se define la historia: donde se rompen los empates, donde el que va perdiendo alcanza al rival y el que va ganando liquida al menos afortunado (porque en este Mundial, la verdad, no hubo rival débil). Y si eso no basta, nos esperan los penales.

Por eso, ahora que te escribo antes del silbatazo inicial, te pido que no olvides lo eufórico que te sientes en este instante. No olvides que tu alegría real no depende del marcador. No es pesimismo; se trata de ver que, si elegiste divertirte con un partido de la selección —esa que no elegiste, sino que te tocó por amor a tu tierra—, vale la pena recordar a Epicuro, a quien parafraseo: "Hay que buscar placeres simples que no te hagan sufrir".

Yo ya estoy feliz con mi fe renovada en los Mundiales. Desde el de Francia 98, poco a poco se me fue apagando el gusto por la justa mundialista, pero este torneo ha sido emocionante de principio a fin. Independientemente de lo que suceda más tarde, ya nadie nos quita el regalo de ver a Cabo Verde acomodarle una buena golpiza a Argentina, ver fuera a los del "No era penal" y ver que por fin el Tri nos da una razón enorme para lavar la playera con orgullo, sin tener que terminar apoyando a Brasil a estas alturas del campeonato.

Las chelas ya están listas para venderse, las papitas se van a inundar de salsa Valentina y vamos a gritar con el alma: ¡Sí, cabrones, sí se puede! Si ya nos trajeron hasta aquí, ¡a darle con todo y déjate de tonterías! Prepara todo para disfrutar de este partido. Sí, te estoy hablando a ti, amargado. Si de plano no vas a ver el juego, entonces pon el Canal del Congreso y mañana nos platicas de qué manera nos pasaron a amolar sin que nos diéramos cuenta; así te regodeas sintiéndote más listo que el resto de nosotros, que estaremos pegados a la tele con los amuletos puestos, las uñas mordidas y la panza llena de botana.

Y si todo falla... bueno, si nos queda empatía, siempre podremos abrazarnos y usar esa vieja frase que nos define: “Jugamos como nunca, perdimos como siempre". 

¡Pero hoy no! ¡Hoy se disfruta!