Imaginen no hacer durante 30 días algo que es parte integral de su rutina. Imaginen renunciar voluntariamente a algo que les hace feliz, inmensamente feliz. En mi caso, y si acaso me leen, hace 30 días dejé de comer carne. No, no se trató de vegeteranismo, sino de veganismo. Como toda nueva rutina, es particularmente complicado en un inicio, paulatinamente se crean nuevos modelos de comportamiento, pasadas algunas semanas se vuelve parte de uno, de mi en tal caso. Antes, solía decir en clase que si acaso deseabas ser diferente, tu familia, la familia no te iba a ayudar; las familias crean rutinas heredadas de generación en generación, en éstos tiempos de cambios vertiginosos de paradigmas, el cambio (como siempre) es inevitable, salvo que ahora se da a la velocidad de Internet. Pues bien, en ésta ocasión, todas las partes de mi familia ayudaron a complir mi objetivo, no comer carne durante un mes. Por supuesto hubo detractores, si los hu...